31.3.11

Amar la cruz es amarse a sí mismo

EL CAMINO DEL CALVARIO

El que quiera venir en pos de mí
que cargue con su cruz y que me siga.

Cristo cargó su cruz y la abrazó
y la llevó hasta morir en ella.
“Mi cruz es suave y mi carga ligera”.
¿Quién cree estas palabras de Jesús?
Nadie quiere la cruz, nadie la besa.

Cuando nos cae encima nos aplasta
y quisiéramos tirarla cuanto antes.
Pero la cruz es parte de la vida,
es inherente a nuestra condición.
Nacemos entre lágrimas y llanto,
vivimos con la queja en nuestra boca,
morimos con dolor y enfermedad.

El hombre más feliz y más alegre
se traga cada día algunas lágrimas.
Cristo vivió soñando con su cruz,
la cargó con amor y la abrazó;
murió en ella por voluntad del Padre;
con ella salvó al mundo del pecado
y nos la dio por prenda de su amor.

La llevamos colgada en nuestro pecho,
la adoramos con tierna devoción.
Nuestra cruz se parece a la de Cristo,
está configurada en nuestro ser.

Abramos nuestros brazos en el aire
y pensemos en Cristo Redentor.
Amar la cruz es amarse a sí mismo
y es cumplir la voluntad de Dios.
Sufrir por el amado es deleitoso,
morir por él es el mayor placer.

P. Enrique García Santamaría
cssrenriquegs@gmail.com

28.2.11

Miércoles de Ceniza, solemnidad



Himno de Vísperas

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!...).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.
(Liturgia de las Horas)


P. Enrique García Santamaría
cssrenriquegs@gmail.com

31.1.11

SER SANTO




Ser santo es una luz

Ser santo porque el Padre Dios es santo
y santo es su Hijo Jesucristo.
¿No hemos sido creados a su imagen?
Asemejarse a él es la ilusión.
Ser santo es una luz, es una hoguera,
una estrella que brilla en las alturas.
Así lo pide nuestro ser cristiano,
puesto que somos de la misma estirpe.
Veamos los diversos ingredientes
como lo pide todo nuestro ser.
¿Quién nos creó? pregunta la cabeza.
¿Para qué nos creó con tanto amor?
Para ver en nosotros limpia y pura
esa su semejanza creativa,
pensar como Dios piensa, es la cabeza;
amar como Dios ama, el corazón.
Abrir los ojos y ver las maravillas
que para nuestro bien él esparció.
Palparlo con las manos y los pies.
Llenarnos de su amor y de su dicha.
Mantener siempre viva la memoria
desde que éramos niños y hasta siempre.
Sumergirnos en él como la esponja,
rezumando su vida en nuestros poros;
verlo siempre cerquita a nuestro lado,
para siempre seguir su voluntad
y jamás ofenderlo, antes morir,
darlo todo por él, hasta la vida.
Finalmente, pensar que hay otra vida
y que allí seguiremos en sus brazos
contemplándolo absortos cara a cara,
sumergidos en su felicidad.
¿Quién dice que ser santo es vida triste?
Es la vida más bella y más feliz.

 P. Enrique García Santamaría cssrenriquegs@gmail.com